Alejandro Reyes

Alejandro Reyes

Alejandro Reyes (Foto: Juan Sanchez).

Almeriense de 1944, nacido en la calle de la Reina y estudiado en el instituto Celia Viñas, entonces Instituto Nacional de Enseñanza Media, se fue un día a Madrid para hacer Ingeniero Industrial Superior y terminó involucrado en la historia de la música en España a través del Club de Música y Jazz del colegio San Juan Evangelista, del que ahora es presidente. Hace apenas unas semanas, el Consejo de Ministros le ha concedido al ya mítico ‘Johnny’ la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes, la más alta distinción del Ministerio de Cultura, y se le ve contento a Alejandro en las vacaciones de Semana Santa, pues esto les llega, dice, en un buen momento: necesitan apoyos para hacer frente a los problemas que se ciernen en el horizonte.

Usted está en esto del San Juan Evangelista desde el principio…

Entré en el San Juan Evangelista como residente, como alumno, desde que se abrió en el año 66. Soy el único que ha vivido toda la historia del colegio, desde el momento en que se abrió.

¿Y qué ha hecho especial al ‘Johnny’ en todo este tiempo?

Desde que se abrió, era uno de los colegios más progresistas de la Universidad. Uno de los que más luchó para conseguir la libertad y la democracia, porque esto era la época antes de la muerte de Franco, cuando estaban suspendidas las libertades de reunión, de expresión, muchas leyes fundamentales, había censura, estaba la policía… Y dio la casualidad de que a este colegio vinieron estudiantes de los últimos años de las carreras de Políticas y de Sociología, gente muy preparada, y ellos fueron influyendo sobre los demás.

¿Pero qué diferenció a este colegio de otros? Que las actividades culturales no las dirigían desde la dirección, sino que las organizábamos los propios estudiantes. O sea, que la cultura era lo que queríamos nosotros. Así ha sido desde el principio hasta ahora. Entonces formamos una agrupación, que se llamaba el Club de Música, y a pesar de las dificultades aquello fue tomando dimensiones poco a poco.

¿Con qué músicas empezaron?

Al principio lo que más hicimos fue música clásica y cantautores. Estamos hablando de Luis Pastor, Pablo Guerrero, los más importantes que había en la época, Lisa Serna, catalanes, valencianos. Carlos Cano, cuando aún no se dedicaba a la copla, el primer concierto que dio como profesional fue en el San Juan Evangelista. Aute… Era muy difícil hacer un concierto de cantautores, porque estaba la censura. Para las letras había que pedir autorización a la policía. La universidad nunca te ponía pegas, y la policía nunca te decía si te lo autorizaba o no, hasta última hora, cuando podían suspender el concierto, o te tachaban lo que no les gustaba.

Eran otros tiempos.

Lo primero era que se formaban unas especies de mini asambleas antes de empezar el concierto, y se informaba: “Pues han detenido a tales personas, a tales se los han llevado a la cárcel de Carabanchel”. Y se hacía una recolecta entre todos los que estábamos allí para pagar las multas y sacarlos de la cárcel. ¡Y normalmente había tal solidaridad que se lograba sacarlos! Había muchos chavales afiliados al partido comunista, que realmente fue el que más luchó en contra de la dictadura, el Socialista vino después. Entonces, se armaba una comisión, y a veces después del concierto podía armarse tal vez manifestación. Salíamos a la calle e íbamos hasta lo más cerca, Moncloa, y allí se armaba la de Dios, piedras, venían los grises y hacían redadas…

Definitivamente, otros tiempos.

Y por eso lo que no quería el régimen era que los estudiantes se reunieran. En esa época los cantautores tenían mucha importancia, hacían letras de lucha, de libertad, amnistía y democracia. Ahora cantan al amor y otras cosas más bonitas, pero entonces tenían mucho contenido político.

Es cierto.

Alejandro Reyes

Alejandro Reyes.

Después dijimos, ¿por qué los estudiantes no van a la música? No habían locales de música en directo. Pues que la música venga a la universidad. Aprovechando de que teníamos un salón de actos bastante competente, relativamente grande, con muy buena acústica, por supuesto…

Pero no habían los recursos técnicos que hay ahora, mesas y todas estas cosas. Nosotros alquilábamos un amplificador de válvulas, y los propios estudiantes de telecomunicaciones eran los que hacían el sonido. Y de focos nada, poníamos cuatro lámparas allí, colgadas, y ya está. Y aquello funcionaba. Ahora te piden una mesa de veinte canales, no sé cuantos focos, micrófonos especiales… Antes todo el mundo se apañaba, y las colas doblaban la esquina.

¿Cómo fueron añadiendo músicas al programa?

Fue poco a poco. Empezamos en los primeros años 70 con el jazz de España y el flamenco. Fíjate que fue Camarón a cantar con 23 años. Allí iban los mejores bailaores y artistas cobrando 5.000 pesetas de la época, que ahora con los cachés que tienen es algo impensable.

Y del jazz, habían tres o cuatro grandes que fueron todos. Estaba Tete Montoliú, Iturralde, todos los veteranos del jazz español, y luego los que iban surgiendo. Todo el jazz español ha pasado por allí, y trajimos también grupos de jazz tradicional de los países del Este, que curiosamente, allá el jazz no estaba bien visto, pero existían. Venían de Polonia, Checoslovaquia…

Y también el folk. Trajimos todo el folk importante desde allí hasta los años 80, lo mejor de España y Latinoamérica. Por allí pasaron Mercedes Sosa, Jorge Crafune…

¿Cómo fue lo del flamenco? El ‘Johnny’, con el tiempo, se ha convertido en un lugar de referencia en esta arte, con conciertos que son ahora míticos.

Desde el principio, lo que se pretendió fue dignificar el flamenco, que formara parte de la Universidad, y que no sólo estuviera reducido a los tablaos y las fiestas de señoritos. Y lo importante fue que los artistas lo vieron y se dieron cuenta de que que eso era importante, así que venían.

¿Cuál ha sido la fórmula para mantener esa aura de lugar serio y festivo a la vez?

La verdad es que el ‘Johnny’ es un local que se ha hecho un poco mítico también. Tiene una buena acústica, la cuidábamos, y también se crea una atmósfera que se ha ido manteniendo a través de los años entre los propios músicos, y eso es muy importante.

Pero así, resumiendo, te puedo decir que, primero, está la cercanía entre los músicos y donde está el público. Después, que ahí va un público aficionado, que siente cuando están tocando bien, y lo aplauden, y entonces los músicos se van encantados. Hace poco Dave Holland, que es uno de los mejores contrabajistas del mundo, que llegó a tocar con Miles Davis, me decía: “Me gusta tocar en Madrid, pero este sitio es muy especial”. Y es por eso, es un público entusiasta, que manifiesta…

Luego, también se cuida mucho el sonido. Y luego está lo de la organización. Allí no hay personal técnico que lleve el auditorio, contratado. Eso lo hacen todo los estudiantes, que se renuevan de generación en generación. Los universitarios que viven en el colegio, y que se apuntan. Se ponen de porteros, encienden las luces, atienden los camerinos… Entonces hay un contacto muy directo con la gente joven, y eso a los músicos les gusta. Cuando esta gente va, por ejemplo, a un auditorio importante, los dejan en un camerino solos… Pero allí llegan chicos y chicas jóvenes y hablan con ellos, y se quedan encantados de ese trato humano.

Realmente, como publicidad hacemos poca cosa, carteles pequeños, cuartillas… Pero funciona. Y tenemos una buena web.

Bueno, volviendo a los artistas, vamos a repasar algunos nombres de los que han pasado por el San Juan Evangelista.

En cantautores, Todos los grandes de España. Pablo Guerrero, Luis Pastor, Aute, Hilario Camacho. De fuera, Silvio Rodríguez, por los año 80 al 82, daba cinco recitales con nosotros ¡y venía a la taquilla! Pablo Milanés, con una buena acústica, una maravilla. El 80 por ciento de la taquilla era para ellos. Mercedes Sosa, cinco recitales impresionantes. Todavía recuerdo su ‘Alfonsina y el Mar’, ‘Gracias a la Vida’… Daniel Viglietti, Astrud Gilberto, que todavía estaba guapísima. Incluso vino gente del tango.

¿Y en el jazz?

Pues de los americanos, el 80 por ciento de los más importantes de la historia del jazz en estos tiempos.

¿Es cierto lo de Miles Davis?

Miles Davis no (sonríe). Hay un mito de que estuvo, y entonces yo lo pongo así, pues a lo mejor estuvo y participó en una jamm session…

Ya.

Pero han venido desde Art Blackey hasta Winston Marsalis, su hermano Brandford, Elvin Jones, Max Roach, todos los pianistas, Tommy Flannagan… Chucho Valdés con Irakere, el primer concierto que dieron en España fue allí. De Europa, la mayoría, de Francia, los más grandes, Stephane Grappelli, Michel Petrucciani… También de Italia…

Y en flamenco, también los más grandes. ¿Cómo empezó lo del festival ‘A Almería por tarantos’? Imagino que ahí está su mano como almeriense.

Tengo amigos de la peña El Taranto, y un día, tomando unas cañas, les digo: “¿Por qué no hacemos en Madrid un festival?”. Así empezó, y ya llevamos 21 años. Ellos conocían mejor que yo a los artistas, y les hablaron para conseguir unos cachés más baratos. (se queda pensativo, y repite). Así empezó, y ya es el festival más antiguo de la historia de Madrid. Ahí fue donde dio el último concierto Camarón de la Isla, en el año 92.

¿Y cómo era Camarón, ya fuera del mito?

Una bellísima persona. Muy educado, muy bueno, muy dulce. Por lo poco que lo conocí, muy tratable, como son los grandes artistas. Los más grandes artistas son los más sencillos, lo he comprobado. Al estilo de Bebo Valdés, por ejemplo.

Es cierto eso de que los verdaderamente grandes son los más sencillos.

Todos los más grandes son entrañables y sencillos. Los más grandes son los más normales. Te pongo un ejemplo: Una vez fueron Lee Ritenour, y un compositor, David Grossing, que toca los teclados y el piano, y tiene por lo menos tres o cuatro Oscar. Pues fueron allí, jugaron al tenis en la pista del colegio, comieron la comida del colegio, hicieron footing por la Ciudad Universitaria, y estaban encantados. No se le caían los anillos por no estar en un hotel, como ahora todos, que te piden un hotel de cinco estrellas, una suite… O Bobby McFerrin, otro ejemplo, dio dos recitales y en el descanso salió a hablar con la gente, tranquilo.

Usted, que organiza varios festivales de flamenco con su empresa Cultyart, ¿cómo ve ahora el mundo de esta arte?

Lo primero es que a la gente joven le gusta el flamenco. El jazz menos, pero en el flamenco ha tenido importancia la gente de Ketama, La Barbería del Sur, todo este flamenco fusión, por lo que a la gente joven le llega más fácil, y a partir de ahí ya se aficionan al flamenco tradicional.

Luego, también el flamenco se ha renovado con gente joven, y tiene ahora monstruos como Miguel Poveda, que es un fuera de serie, un joven con formación, que ha bebido de los clásicos… guitarristas hay un montón, Tomatito, Niño Josele, está Vicente Amigo. En el cante un poco menos, y en el baile hay también una gran revolución del flamenco, Israel, Rocío Molina… Yo al flamenco lo veo muy bien.

¿Y usted cómo ve eso de la fusión? Hay una gran controversia al respecto entre puristas y ‘modernos’.

A mí me gusta el flamenco, lo de la fusión ya me gusta menos. Pero si se hace con calidad, pues me gusta. En principio, todo lo que sea de calidad es bueno. Te puede gustar más o menos, pero… Eso hace que el flamenco tenga futuro.

Pero lo mismo en el flamenco está pasando en el jazz, y ya está el jazz-flamenco. Fíjate en figuras como Chano Domínguez, Jorge Pardo, Carles Benavent… Y eso ya es un sello español que salen por el mundo, y cuando vienen los extranjeros ponen en oído por el flamenco. Y la prueba es David Holland, que se ha unido con Pepe Habichuela y han sacado un disco. En fin, todo comenzó con Paco de Lucía, como sabemos, y lo que está bien hecho, es bueno, aporta.

Volviendo al ‘Johnny’, hace un tiempo se dijo que lo cerraban.

Mandaron una carta que lo cerraban, pero hubo una lucha de colegiales y ex-colegiales y un movimiento social alrededor de la cultura y la política, que a la propietaria del edificio, Unicaja, a que se lo pensara y echaran atrás.

¿Cuál es el problema? Que con el tiempo se ha quedado un poco obsoleto. No se ha ido reformando a lo largo de los años, y llega el momento en que hay que acometer obras. Creo que se estimaba que valían unos ocho o diez millones de euros, y entonces nos coge la crisis. Se han hecho cosas, en el auditorio se hizo una reforma hace unos seis o siete años, y está bien, pero en el resto del colegio se ha arreglado lo que se ve, digamos, pero queda el interior, la parte donde viven los estudiantes, que está bastante deteriorada. Y ahora otra vez hay rumores de que quieren vender…

¿Y qué arreglo tendría esto?

Hay un movimiento de gente de fuera del colegio, profesionales importantes, que están intentando presentar a la Comunidad de Madrid una serie de pliegos para que sea declarado Bien de Interés Cultural. Con esto se preservaría su futuro, pues el dueño, sea el actual o el que lo compre, tendría que preservarlo, y no lo podría dedicar a otro fin.

Es por eso que este premio, aparte de la sorpresa, es casi una bendición, pues ayuda también a que los actuales propietarios se lo piensen… Realmente, le tenemos que agradecer a la Ministra de Cultura que nos defendiera en el Consejo de Ministros. Nos ha venido en un momento magnífico, y una de las satisfacciones que tenemos es que todo el mundo se ha alegrado con este premio, nadie ha puesto reparos, y eso en España es difícil. Yo no he visto un comentario negativo. Algunos premiados tienen algunas críticas en la web, pero en el caso nuestro, ninguno. Todo lo contrario: felicitaciones, apoyos…

Hombre, pues muy bien.

Es la distinción más importante que da el Ministerio de Cultura y lo entregará en otoño su majestad el Rey. Para nosotros es una gran alegría pues supone un reconocimiento a más de 40 años de música en vivo en la Universidad. San Juan Evangelista está en libros, enciclopedias, biografías… Aquí se premia el trabajo de un montón de años de los colegiales que han sido miembros del club, a los actuales, y los equipos de dirección y los patrocinadores, sin los cuales esto no hubiera sido posible. Y justo es decir que entre ellos la palma se la lleva el Corte Inglés, que lleva 30 años apoyándonos y ha dado una cantidad de dinero… más de 500 millones de pesetas se ha gastado, y solo por ponerle el triangulito, ¿eh? sin pedir nada más a cambio. Es algo que se agradece de verdad.

Alejandro Reyes

Alejandro Reyes (Foto: Juan Sanchez).

También está el Ayuntamiento de Madrid, la Comunidad de Madrid en el festival de jazz… y muchos más. Es un reconocimiento incluso a los músicos, los aficionados, y la prensa. Es que son muchas cosas… Lo bonito es que esto es cultura de base, de luchar por algo. Hay una persona incluso que va a hacer su tesis doctoral sobre el flamenco en el San Juan Evangelista, ¡y se lo han aceptado, en Sevilla!

Entonces, ¿cómo ve el futuro del ‘Johnny’?

¿Futuro? (Alejandro Reyes se queda un momento pensativo, con los ojos entrecerrados). Que siga lo mismo que hasta ahora, que se aumenten los patrocinadores, pues ya no es como antes, ya llevamos una empresa de sonido e iluminación, y eso vale una pasta. Y ahora en el piano te piden un Stenway… Y necesitamos un diseñador para la poca publicidad que hacemos… Y los cachés de los grupos no son los de antes… ¿Futuro? Seguir vivos, continuar con este proyecto tan bonito, y que tantas alegrías le ha dado ha tanta gente.

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