Lieske: “A veces toco con otras guitarras, pero siempre vuelvo a la Leona de Torres”

Wulfin Lieske, durante un concierto con La Leona de Antonio de Torres.Músico, arreglista y compositor, Wulfin Lieske lleva ya muchos años tocando uno de los instrumentos mas famosos y a la vez misteriosos de Antonio de Torres: La Leona. “Es el intérprete adecuado”, dice Erhard Hannen, el dueño de la guitarra. Ambos la trajeron a Almería para un concierto, por el bicentenario del célebre guitarrero de La Cañada.

Es uno de los guitarristas de referencia de la actualidad, y de cerca es un tipo cercano y sonriente. Habla alemán (claro), e inglés, pero prefiere conversar en un buen español, algo trastabillante, pero fluido y profuso.

Usted tocó La Leona en Almería hace once años, y ha seguido con ella. ¿Ha evolucionado su sonido, cómo está ahora?

Pienso que el sonido es mas refinado ahora, mas claro. Mas absoluto. Cuando empecé con esta guitarra después de la primera restauración importante que se le hizo, pensé: “Bueno, ahora será interesante para música antigua, como Bach, el Renacimiento…”. Después dije: “Vale, también probaré con Tárrega”. Y no estaba mal.

Hoy pienso que esta guitarra es universal, para todos los estilos. Por ejemplo, hace unos años grabé gran parte de mis composiciones para guitarra con este instrumento.  Tenía alternativas, claro, guitarras modernas muy buenas. Pero, finalmente, en el estudio decidimos que tenía el mismo nivel, pero que en la Leona hay un punto mas… Es como un espacio que se abre detrás de la guitarra. No la escuchas solo a ella, sino que abres un espacio extra.

¿Y qué tiene esta guitarra, su sonido?

Hace unos años estuvimos en Verona, en la casa de un coleccionista muy importante, Massimo Raccosta, y teníamos tres guitarras de Torres: La Leona, la Itálica, y la famosa FE 13, de 1860. Hablábamos de cuál era mejor, y tal, y un guitarrero que estaba allí, de guitarras clásicas, dijo: “Bueno, esas discusiones no valen mucho. Cuando yo escucho La Leona, no pienso en la guitarra, solo escucho la música”. Y ese es el punto. Es simple, no es muy espectacular, pero es el punto. La transformación de la idea del arte, de la emoción, con esta guitarra, es sin fallos, sin pérdidas, digamos.

Bueno, también se necesita a un guitarrista que esté a la altura de eso.

Claro, necesito también a un artista que toque de una forma. Pero cuando esta combinación es perfecta: guitarra-repertorio-artista, es una maravilla incomparable.

Wulfin Lieske y Erhard Hannen, con La Leona, en Almería.

En una entrevista reciente, Carles Trepat me decía que una Torres requería un trabajo especial, que hay que llegar a comprenderla…

Es cierto. Yo no siempre toco la Leona. También uso mi Santos Hernández, o guitarras modernas. Depende del proyecto. Cuando toco con otra gente no uso la Leona porque se afina mas bajo. Pero siempre vuelvo a este instrumento. Y hoy, después de tantos años, le tengo un gran respeto. He empezado a entender esta guitarra. Eso es tal vez lo que Carles quería decir. Tenemos que encontrarnos ambos. Yo voy hacia la guitarra, y la guitarra viene hacia mi. Y cuando nos encontramos, entonces empezamos a trabajar.

Comprendo.

Siempre me preguntan: “¿Por qué tocas La Leona?”. Y la respuesta es: No lo hago para el papel, ni por el valor, ni por el nombre de Torres. Lo hago solo por razones musicales. Yo tengo guitarras fantásticas. No es problema. Pero esta todavía es el top.

Es curioso, porque hoy muchos guitarristas lo que buscan son guitarras grandes, que suenen mucho. No hablan del sonido.

Hay guitarristas famosos de hoy, que no tocan estas guitarras. Dicen: “No, no, imposible, no funciona, no es fuerte, no es simpático”. Pero, por suerte, hay varios artistas que lo valoran. A mí me parece que la música no solo busca la claridad. Es espíritu.

Y lo que me llama la atención es que esto ocurre precisamente en una época en que hay unos micrófonos magníficos, y unas técnicas para amplificar el sonido…

Sí, es un tema muy interesante. Hay una neurosis entre los guitarristas, desde hace siglos, que siempre piensan que la guitarra es insuficiente en dinámica. Bueno, la guitarra es un poco mas fuerte que el laúd, por ejemplo, pero es cierto que vive de un humanismo íntimo… Y en el siglo pasado, el XX, se descubrió la guitarra eléctrica, que es exactamente le contrario. Es demasiado fuerte, con la ayuda de la electricidad. Es la otra cara de la guitarra.

Sin duda.

Pero, como has dicho, hay micrófonos estupendos. ¿Por qué forzar entonces? La técnica hoy es muy avanzada; cuando tienes un buen equipo, se logra una reproducción fantástica. Es interesante, sí. El problema de la guitarra clásica, es que muchas veces es aburrida de escuchar. En flamenco es un tanto diferente. Hay grandes guitarristas de flamenco, de varias épocas, que son fascinantes. Pero ellos tocan su música, no de partituras. El clásico, en cambio, compra la partitura, la trabaja y la toca. Y está bien, pero muchas veces no hay mucho de emocional en eso. Sí, vale, no hay fallos, bien. Pero… Es un ambiente de concursos, de estudios finales, hay un poco de academicismo en el mundo de la guitarra.

Es cierto.

Antes, en la época de Segovia, lo criticaban: muy emocional, muy romántico, mucho ego, no hay academicismo… Y después, vino lo contrario. Y el academicismo duerme, ese es el problema.

¿Y qué hacer?

Hoy hay una situación… Yo hablo de mi parte. Yo quiero una intensidad que sea la máxima posible en la música. Independientemente de que se toque piano, violín, o se cante, o sea con orquesta. El máximo. Y el programa que interpreto con La Leona en Almería es, para mí, el máximo posible con la guitarra. Es un universo, es una orquesta, es todo. Es un concepto. Y para eso se necesita el artista, pero también un instrumento que tenga esa capacidad.

¿Qué tipo de sala es mejor para la guitarra?

Los sitios pequeños son buenos, con amigos o aficionados, como los salones en siglos pasados. Está bien. Pero cuando quieres llevar este mensaje al público, ahora hay muy buenas salas. He tocado con La Leona en Viena, por ejemplo, en uno de los mejores sitios, la Schubertsalle. ¡Y la gente sentándose en el propio escenario! Porque todos quieren escuchar La Leona, La Leona… Todo vendido, completo, una gran fascinación. Eso es lo que necesitamos. Una combinación. La guitarra no es solo de la calle. Es una cultura muy, muy alta.

Usted tocará hoy la Partita de Bach, y decía que es un compositor que le viene muy bien a esta guitarra.

Hay una conexión muy intensa, sí. Como sabes, yo también soy compositor, no para guitarra, también de música de cámara, de orquesta…, mi próxima obra es para piano y orquesta. O sea, yo escucho con ojos no solo de guitarrista, y tengo mucho respeto por el original.

Wulfin Lieske con La Leona, durante el concierto en el teatro Apolo de Almería.

Wulfin Lieske con La Leona, durante el concierto en el teatro Apolo de Almería.

Esta noche toco la famosa Partita, con la famosa Chacona. Esta obra es muy difícil con el violín. Con la guitarra, algunos aspectos son un poco mas fáciles, aspectos armónicos. Mas difíciles son los pasajes, que son muy violinistas y en la guitarra esto es difícil con la velocidad. Pero, en fin, el resultado es…

Yo he transcrito esta obra en una versión mía, que es diferente de la original. No hay demasiadas adiciones, pero sí hay cambios para ajustarla al espíritu de la guitarra. Porque Bach lo compuso para el espíritu del violín, pero cuando él mismo transcribe este tipo de obras para otros instrumentos, como el harpsicordio, él cambia. Hay muchas pruebas de eso.

Entonces, esta versión tiene mucho de… Es idéntica, pero para guitarra. Es como una original para guitarra. Porque todos los recursos de la guitarra, todas sus posibilidades, están ahí de forma natural. Todavía es una obra difícil, claro. Pero está muy bien, porque la claridad de la Leona… Y no solo ‘claro’ en el sentido de un término técnico, sino claridad en un sentido espiritual.

Es un mensaje puro, y es lo que buscamos. Con Bach no queremos un romanticismo, o algo histórico. Queremos un mensaje claro, pero del corazón, del espíritu. Y ese mensaje es fantástico con la Torres, especialmente con la Leona. Porque también he tocado Bach con mi Ramírez, con la Santos… Y sí, es fantástico. Pero con La Leona siempre es un paso mas.

Muchos intérpretes dicen que era pura matemática, pero Bach era mucho mas…

Bach era matemática, pero no solamente.

Ese es el problema con Bach y el piano, por ejemplo. Sobre todo los pianistas tocan a Bach muy mecánicamente, porque el piano es mecánico. El harpsicordio es un poco diferente, pero todavía no es un sonido no muy cantando, claro. Pero con el piano es una moda tocar Bach como a lo militar. Y no, es bailando, ¿no?

Es muy difícil. Con el piano es posible, pero muy difícil. Los guitarristas, en cambio, pueden darle una emoción… no romántica, sino humana. Tal vez sea aún insuficiente, vale, pero Bach no es matemático, ni aburrido, o falta emoción…

(Esta entrevista es la versión completa de la publicada en el diario ‘La Voz de Almería’ el 28 de enero de 2018)

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