De cómo La Invencible de Antonio de Torres regresó a Almería para una grabación con Carles Trepat

Jordi Franco y Carles Trepat con La Invencible en la casa-museo de Antonio de Torres en La Cañada, Almería.

Jordi Franco y Carles Trepat con La Invencible en la casa-museo de Antonio de Torres en La Cañada, Almería.

Un siglo y tres décadas después, La Invencible regresó al lugar donde fue construida.

Jordi Franco la sacó cuidadosamente del estuche y la sostuvo entre sus manos. Hacía calor en la casa-museo de Antonio Torres, en La Cañada de San Urbano, Almería. Además, se estaba realizando un rodaje, y las puertas cerradas y las luces añadían temperatura al local.

Había pocas personas, y todos se acercaron a mirar. Así que esta era la famosa guitarra de la segunda época de Antonio de Torres, que Federico Cano llamó La Invencible, y luego Romanillos catalogó y describió en su libro como SE70. Ahí estaban la inscripción en una pieza de metal que adorna su cabeza, con las siglas ‘F. C.’, y la etiqueta, que definitivamente marcaba su nacimiento en este lugar (o tal vez en un taller a pocos metros de aquí), hace 133 años: “calle Real, Nº 80, Cañada”, y luego: “1884”.
Se cerraba así el círculo, pues. Jordi rasgueó las cuerdas y el sonido se esparció por la casa. La había traído desde Barcelona para la grabación de la banda sonora de un documental que se está realizando sobre la vida y obra de Antonio de Torres. Todo un gesto, pues La Invencible es la única guitarra que ha sido declarada Bien Cultural de Interés Nacional, y ahora es propiedad de Solera Flamenca, una empresa de Barcelona especializada en el universo de la guitarra. Es un instrumento histórico, una pieza de patrimonio. Y, sobre todo, una guitarra excepcional.

Carles Trepat la toma en sus manos y la observa. La conoce muy bien, pues ha seguido de cerca el proceso de restauración al que acaba de ser sometida. Le pregunto qué le parece. “Es un instrumento muy singular en la construcción de Torres, y de los mas célebres”, dice. “Está La Leona, por ejemplo, y algunas que fueron famosas por haber pertenecido a Arcas, o a Tárrega… Esta lo es por haber sido de Cano, pero, además, por ser una guitarra…, no experimental exactamente, pero sí con una vocación ya de entrar en ese nuevo siglo XX que se acercaba, y que quizá Torres presintió que iba a ser un siglo mas ruidoso que el suyo. Y parecía que la guitarra exigía potenciar su sonido. Aunque podríamos pensar que su ambición máxima no era la cantidad de sonido, sino su belleza, pero aquí él se puso a prueba y combinó maravillosamente la belleza del sonido y la cantidad. Casi nada. Es todo un reto para un lutier”.

 

La historia de este viaje a Almería había comenzado unos meses antes, cuando Solera Flamenca compró el instrumento. Solera Flamenca está formada por Carlos García Fortuny, guitarrista, y Jordi Franco Espada, gerente comercial. Y cuando llegó a sus manos, aunque ya había sido restaurada por los hermanos Yagüe en los años 80 del siglo pasado, La Invencible volvía a necesitar una revisión y puesta a punto, sobre todo en la parte trasera.

Así que, tras varios meses, Carlos y Jordi tomaron la decisión: La llevarían a restaurar, pero, por su importancia, no podía hacerlo cualquiera, debía ser el mejor. Buscaron, meditaron, y optaron por el italiano Gabriele Lodi.

Por otro lado, en Almería, Raúl Navarro López y Fran López Montoro, primos entre sí, descendientes de Antonio de Torres, y gente del mundo audiovisual, habían comenzado a realizar un documental sobre el violero, una forma de rendirle homenaje en el centenario de su nacimiento. Y mientras buscaban documentación y a las personas adecuadas para las entrevistas, se enteraron de la restauración de La Invencible. Llamaron a Solera Flamenca, y allá se fueron a conocerlos y ver la guitarra.

Gabriele Lodi, con La Invencible.

Ellos habían hablado con Trepat para ver la posibilidad de realizar una grabación para la banda sonora del documental. “Creo que el contacto se produjo porque yo hace casi 30 años que tengo una Torres, y he grabado discos con ella, he hecho conciertos…”, me dice el músico. “Y, bueno, de ahí surgió esta idea de unirlo todo y hacer una banda original para la película. Un tema original y una serie de variaciones que acompañaran este tema. Esa fue la idea de Raúl y Fran que yo he realizado”.

Cuando se vieron en Barcelona con Jordi y Carlos, también acudió Trepat, y allí decidieron que él supervisaría también el proceso de restauración. Hubo que cumplimentar un largo papeleo para que la guitarra viajara, por su condición patrimonial, pero finalmente se fueron con ella al taller de Lodi en Carpi, Módena.

La guitarra todavía sonaba bien, después de todo, y, tras introducir cámaras para revisarla por dentro, Lodi decidió que no la abriría para restaurarla. La respetaría al máximo. Con sumo cuidado trabajó la parte trasera con herramientas magnéticas y láminas muy finas, revisó los trastes, el puente y los demás elementos. El resultado, un par de meses después: La Invencible ha vuelto a ser un instrumento magnífico.

 

De modo que así se fueron entrelazando las historias, que al final se convirtieron en una. Fran y Raúl fotografiaron y filmaron la guitarra, y a Lodi en su taller. Trepat puso manos a la obra en la composición, que basó en la música de Julián Arcas. “El tema central es una mazurca, que es un ritmo muy característico de la época del maestro, y lo he hecho basado en motivos, pinceladas muy íntimas de su música”, explica. “Es decir, la banda sonora no es exactamente ‘al estilo de’, pero sí está inspirada en él, que creo que fue el guitarrista que estuvo mas cercano al maestro”.

Finalmente, entre todos decidieron que la grabación de la banda sonora se realizaría en Almería. Y que La Invencible viajaría allí para hacerla con ella, con su voz.

Y así fue como en este caluroso junio de 2017 La Invencible viajó de vuelta hasta la casa de La Cañada de San Urbano, donde había sido construida.

 

Ese día se grababa con la guitarra de Trepat. Un delicioso instrumento de 1892 que ya es famoso por su trayectoria junto al gran guitarrista, sin duda uno de los mejores y mas sólidos de la actualidad. “Bueno”, sonríe, “si eso que dices es verdad, Torres es responsable en mucha parte. Creo que el hecho de haberme aproximado a Torres, el haber tenido la suerte de poseer uno de sus instrumentos…”.

Grabación de Carles Trepat en la casa-museo de Antonio de Torres.

A pesar del calor, la grabación está saliendo magnífica. Trepat es famoso, además, por usar cuerdas de tripa, como se hacía en tiempos de Torres. Le pregunto por ellas, y se encoge de hombros: “Ya son unos cuantos años los que llevamos con esto, y me mantengo fiel a una tradición”, dice, “reivindicando a Torres como el centro no superado todavía, desde el punto de vista de la lutería, de la construcción, de la belleza del sonido que puede conseguir un instrumento como la guitarra. A pesar de que ya han pasado mas de cien años, ahí está, vigente todavía. Ese es el milagro de Torres: que quizá el suyo sea sonido mas moderno ahora mismo…”.

¿El mas moderno? Asiente con la cabeza: “Hablo de modernidad en el sentido amplio de la palabra. ¿Qué instrumento es capaz de generar todavía, hoy en día, nuevos sonidos? Para mí, el de Torres. Cada día que lo tocas, da una nueva sorpresa. Te sorprende constantemente. Eso, claro, si estás ahí, trabajando con él. Si lo tienes en un rincón, y piensas que por el hecho de ser Torres ya te va a dar todo hecho… No. Eso no es Torres. Torres implica una disciplina, y muy férrea, para llegar a su núcleo, a su centro”.

 

Al día siguiente se grababa en el estudio Villalobos de Almería, con La Invencible. La jornada había sido intensa. Casi llegando al final, en un breve receso, le pregunto a Trepat cómo siente la guitarra. “Suena muy bien”, responde. “Es un sonido que me habla de una guitarra especial de Torres, sin duda, con una vocación por ese nombre que lleva, que se ha dicho si se lo puso Cano después del resultado, o si se lo propuso el mismo Torres ya previo… Si la encargó Cano…”.

Ah, otro misterio mas de la vida y las guitarras de Torres. “Yo pienso que sí, que él quiso hacer algo especial aquí. Antes lo he comentado, que avanzó un poco hacia lo que iba a ser la guitarra posteriormente. Pero no conozco ningún instrumento hecho luego en esta línea, con estas características. Sí se puede ver una intención de modernización, de vocación de amplitud mayor del sonido y estas cosas, pero, desde luego, si se consiguió fue por otra vía, inspirada quizá en las Torres mas tradicionales. Que no es que esta no lo sea…”.

Le da una vuelta entre sus manos y la observa. “A mi me gusta mucho, a nivel constructivo, a nivel sonoro, es evidente. Al escuchar esta guitarra se ve que hay una intención de una sonoridad especial”.

 

Carles Trepat graba con La Invencible en Almería.

¿Y después de todos estos años, de las restauraciones, sigue siendo un sonido Torres? Asiente y responde rápido: “Eso sí. No pierde ese centro, ese nudo que él quería”. Piensa un momento. “Creo que esta guitarra es el límite que él se puso. Como… de aquí no puede pasar la guitarra. Quizá sea este. En una entrevista, de las pocas que concedió, en los años 29-30, a Llobet le preguntaron sobre el futuro de la guitarra, y respondió: En lo compositivo, en lo musical, tenemos un campo abierto; acaba de escribir Falla, acaba de escribir Turina para la guitarra… Ahora es el mejor momento. Pero en cuanto a la construcción de la guitarra, Torres nos ha dejado el punto máximo de calidad y de cantidad”. Trepat hace una pausa y se vuelve a colocar el instrumento bajo el brazo. “Queriendo decir: si se sobrepasa eso, ya nos perdemos. Y estaba acusando directamente a algunos constructores que en esos años ya estaban probando…, ¡quizá lo que el mismo Torres intentó probar en esta misma Invencible! Pero bueno, en fin, son especulaciones sobre el sonido de una guitarra, y sobre lo que ha sido la evolución de este instrumento”.

La evolución de la guitarra, le comento, ha ido en la dirección de la búsqueda de mas sonido, mas potencia. “Evolución y a veces involución”, dice, moviendo la cabeza. “Porque, y eso es una opinión muy personal, creo que el secreto de hacer una guitarra mas o menos sonora, no es tanto secreto. El verdadero secreto es el control de una calidad, y llevarlo a un punto en que podamos hacer que esa guitarra, que en principio parece íntima, pueda proyectar en una buena sala. Y esto Torres lo consiguió”.

Le vuelvo a preguntar por una palabra que se me había quedado el día anterior en la cabeza: Modernidad. Sonríe. “Hablo de modernidad en el sentido de que, digamos, esa nueva guitarra, la guitarra moderna que tenemos ahora, se ha explotado mucho ya. Y el volver atrás puede ser una posibilidad de renovación con unas bases muy ciertas. Es eso que se ha dicho tantas veces, creo que fue Verdi: Retornemos a lo antiguo, para poder volver a dar pasos hacia adelante. Creo que en ese sentido, Torres nos puede volver a hablar ahora”.

“Porque Torres se dio por superado, o por acabado. Hay quien piensa que estas innovaciones aportan… ¿qué? ¡Mas sonido!”, abre los brazos y alza los hombros. “Bueno, quizá, pero es que hoy en día tenemos cosas tan sencillas para levantar el sonido como un micrófono. Y a veces incluso esas guitarras que se dicen que son tan potentes (no vamos a decir nombres), el guitarrista que las ha abierto mas al mundo lleva amplificación en cada concierto…”.

“Cada época requiere de una renovación. Vale. Pero yo me alegraría mucho de que en nuestros momentos un poco inciertos sobre a dónde queremos ir y todo eso, nos asentáramos en un valor seguro como es Torres. Sería lo mejor que podríamos hacer”.

 

Volvemos al estudio, y Trepat se sienta y comienza a revisar la afinación del instrumento mientras se colocan los micrófonos y cámaras. Le digo que, de todas formas, este tipo de guitarra, y de renovación, requiere también un tipo de guitarrista. “Sin duda”, asiente. “Y un tipo de técnica”.

“No es fácil Torres, no nos engañemos”, dice. “Hay una anécdota que se cuenta, de esas leyendas que circulan sobre Torres: En una reunión que había, parece que fue en Sevilla, había un guitarrista que estaba tocando, y un señor que venía de afuera se sorprendió; y alguien le dijo que sí, que era un buen guitarrista, pero no un guitarrista excepcional. Que lo excepcional era el instrumento que estaba tocando. Bueno, es posible, pero para llegar a eso, ese guitarrista tampoco podía ser tan… normal. Tenía que tener una sensibilidad. Y no depende de ser un mayor o menor intérprete, sino de lograr una compenetración con ese instrumento”.

“Torres marca un camino, que es quizá lo que no les gusta a algunos guitarristas. Que quieren hacer lo que tienen en la cabeza, no lo que el instrumento les está diciendo. Y aquí, eso… Claro, después de estos ciento y pico de años que han pasado desde que ya no existe Torres en este mundo, pone una barrera. Pero yo creo que hasta a los mismos guitarristas de ese momento se les hacían instrumentos que eran menos fáciles de que te quebrara el sonido… He probado muchas Torres, y cuando están en unas condiciones de hueso, de altura de las cuerdas, que pueden parecer cercanas a lo que se hacía en ese momento, siempre hay un punto de trasteo. Esta misma Invencible”, sus dedos recorren las cuerdas, intentan alguna nota, “a veces cerdea”.

“Pero eso es Torres, ese misterio”.

 

Trepat esboza una pieza para calentar los dedos. El sonido inunda el estudio.

“Muchas veces, en una habitación así, cerrada…”, dice en  un momento. “Y ya no te hablo de esta guitarra, de La Invencible, sino de la mía que es mas íntima, quizá. Pero cuando la abres a un teatro bueno, dices: Caramba, cómo llega este sonido a casi trasmutar, sería la palabra… El sonido Torres no hace un recorrido, sino que yo toco aquí y pasa por encima de la gente de platea”, hace un gesto con la mano en el aire, “y el que está en el fondo la escucha como si la tuviera ahí, a su lado. ¿Cómo es posible eso?”, se encoge de hombros y sonríe. “Pues Torres lo consigue”.

Grabación de Carles Trepat en el estudio Villalobos de Almería, con La Invencible.

“Y te digo esto porque eso que se dice tanto de que son instrumentos para tocar en la intimidad… Pero es que en esa intimidad, tienes que adaptar tu toque a la intimidad. Porque como quieras demostrar allí que es un instrumento muy potente, pues igual te equivocas y el instrumento ahí te dice: No, por ahí no me andes, que no es el momento, o tú no estás en el momento, o esta no es la sala… Esas cosas marcan mucho”.

Hace un rato que los preparativos han terminado y todo está listo para grabar. Pero todos escuchábamos y se produce un momento en que todos permanecemos en silencio, mirando la guitarra.

Al fin, Trepat es el primero en hablar: “¿Mi conclusión a todo esto?”, dice. “Pues que si te sometes a esa disciplina que te está marcando el maestro, tu música mejora. Pero así, tal cual. Parece que Torres hubiera intuido por dónde iban a ir las músicas universales, las mejores, y por dónde sus guitarras. Estoy hablando de músicas compuestas después de la muerte del propio Torres. Parece que cuando son buenas, cuando están hechas para ese espíritu, en ellas crecen. Y dices, hombre, es muy fácil para el guitarrista dejar que la guitarra trabaje… Pues no, no es muy fácil llegar a ese punto. Es un tema muy complejo”.

 

Cuando ya está grabada la banda sonora del documental sobre Antonio de Torres que están terminando Raúl Navarro y Fran López, le pregunto a Trepat por la música que ha compuesto.

“Digamos que la idea de la música para el documental era un tema que debía ser variado en unos ritmos”, dice. “He escogido como tema principal el ritmo de mazurca, y luego ese mismo tema lo he puesto por Habanera y por bulerías. Pero no es exactamente una variación, sino como una inspiración en un motivo, que luego de ahí han surgido las otras piezas”.

“Y es importante señalar que esos motivos son de Arcas. De la Fantasía sobre el paño, de las murcianas, y de algunas otras piezas de las que he tomado alguna reminiscencia. Seguramente no va a ser tan reconocible esa procedencia, pero creo que eso también tiene su gracia. He querido que esté ahí como una referencia”.

“Mi idea ahora es hacer, de estas tres composiciones, como piezas ya para ser interpretadas en una sala pública, como un tríptico dedicado a Antonio de Torres. Y sería eso: una introducción por tarantas, que ya recoge algo de estos motivos de Arcas, la mazurca, la habanera, y las bulerías. Esa es la idea de la banda sonora, y esa es la idea de una obra que quiero acabar de redondear como obra de concierto”.

“La sorpresa es una rondalla”, sonríe, finalmente. “Hay otro tema que está basado en una rondalla que se reunió en Lérida para un homenaje a Torres…”.

Foto de familia al terminar la grabación de la banda sonora del documental sobre Torres en Almería.

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