El reto: ¿cómo utilizar la tecnología para resolver los grandes problemas de España?

Juan Martinez Barea

Juan Martinez Barea

El enunciado del desafío es simple: ¿Cómo resolvería usted, a través de la tecnología, alguno de los grandes problemas de España (desempleo, educación, crisis financiera, dependencia energética, etc.) y mejoraría la vida de diez millones de españoles?

El reto se llama ‘Call to Innovation’, y lo lanza Juan Martínez Barea con el auspicio de Singularity University, una institución académica de Silicon Valley, y el patrocinio del Grupo Cosentino, la Fundación Rafael del Pino y el Centro de Innovación BBVA.

Juan es de Sevilla, pero sus raíces están en Macael, la tierra de donde sus padres tuvieron que emigrar buscando trabajo, pero que nunca olvidaron y le enseñaron a querer desde pequeño. Se ha formado en el MIT, la Ecole Centrale de Paris y la Escuela Superior de Ingenieros de Sevilla. Su curriculum incluye, entre otros hitos, el haber sido director de Fomento del Instituto de Fomento de Andalucía, director de la Fundación San Telmo, jefe de proyectos de la consultora Mckinsey & Company, y secretario general de Innovación de la Consejería de Innovación, Ciencia y Empresa de la Junta. Actualmente es director de la Fundación Eduarda Justo y profesor en el Instituto Internacional San Telmo.

La explosión que viene

Pero esta mañana de primavera, mientras toma un café en Las Almadrabillas, Barea se define como emprendedor y embajador en España de Singularity University, la institución que le ha ampliado definitivamente su visión del tiempo en que vivimos y sus posibilidades Históricas, con ‘H’ mayúscula.

“La tecnología está en un punto ahora mismo, después de muchos años de maduración, en que va a explotar” afirma. “La robótica, la inteligencia artificial, la biotecnología, la nanotecnología…”, abre las manos. “No hemos visto nada con respecto a lo que viene, y esa explosión nos va a ayudar a resolver los grandes problemas de la Humanidad. Ese es el mensaje que transmiten allí”.

‘Call to Innovation’ (http://www.calltoinnovation.org) es “un proyecto absolutamente puntero en España, y ha nacido en Almería”, sonríe Barea. “Pues el fundador soy yo, y el primer patrocinador, y sin dudarlo, fue Cosentino”.

Pero el origen hay que buscarlo en la también soleada California. Hace tres años, “unos empresarios tecnológicos de Silicon Valley se plantean: tenemos grandes universidades por el mundo, pero no hay ningún lugar donde se forme a la gente para ayudar a resolver los problemas de la Humanidad, que todos conocemos y son tremendos: pobreza, hambre, acceso al agua potable, a la electricidad…”.

Así que decidieron crear una universidad que hiciera eso que no hace nadie, unir a potenciales líderes mundiales y formarlos para que actúen sobre esos grandes retos a través de la tecnología. Buscaron socios potentes, Google puso el dinero, la NASA puso la sede, y de esa forma surgió Sigularity University.

Entonces crearon un programa que reúne cada año a 80 personas de 35 países, y que durante tres meses, de manera intensiva, de lunes a sábado, de nueve de la mañana a nueve de la noche, los forma en los grandes avances de la tecnología y en la preparación de equipos que piensen cómo usarlos para resolver los problemas de la educación, el agua, la energía… Para que luego vuelvan a sus países de origen y poner en marcha iniciativas.

“Tuve la suerte de enterarme de esto hace dos años, apliqué y me admitieron”, dice Barea. “Dejé todo, me fui para allá con mis dos niños y mi esposa, y fue la experiencia más maravillosa de mi vida. Estar en esos hangares de la NASA, con la tecnología por allí pululando, y un día el fundador de Google, otro Buzz Aldrin, uno de los primeros hombres que fue a la Luna, otro un premio Nobel, otro el inventor del móvil… Era increíble”.

Juan decidió que tenía que traer, de alguna manera, aquella maravilla a España. Habló con el director de la Universidad y llegó a un acuerdo para que le guardaran dos plazas, de las 80, para dos españoles que él buscaría a través de una competición de talentos.

“El año pasado ya lo hice a nivel andaluz y mandamos a dos jovencísimos emprendedores, un sevillano y un granadino”, dice Barea “Hicieron el programa, volvieron maravillados y ya tienen sus ‘start-ups’. Incluso, ya están montando sus sedes en Silicon Valley”.

“Busqué financiación, hablé con Cosentino e inmediatamente me apoyaron, igual que en la Fundación Rafael del Pino y el BBVA… Y ese es el origen de este reto actual”, resume. “En esencia, lo que quiero es encontrar a dos talentos a los que mandar a la NASA”. El plazo para presentar proyectos concluyó el pasado sábado, y se habían recibido unos 90 proyectos. Ahora es el momento del jurado.

‘Singularidad’, el nombre de una nueva revolución

La ‘singularidad’ es un concepto acuñado hace unos años por el gurú de la tecnología Ray Kurzweil en su libro ‘Singularity is Near’ (‘La singularidad está cerca’). “Es el punto en el que las máquinas pensarán igual que nosotros”, explica Juan Martínez Barea. “Y hay que aclarar que ‘cerca’ no significa que será mañana, sino, digamos, en 2050”.

“Pensamos que el cambio tecnológico sigue un desarrollo lineal, que en los próximos diez años será el mismo que en los diez años anteriores. Pero  lo que plantea Kurzweil es que, en realidad, se basa en la curva exponencial. Es decir, al principio parece lineal, pero hay un punto en el que ¡Bum!, se dispara. Y ahí estamos ahora”.

La famosa Ley de Moore dice que cada 18 meses se duplica el número de chips que se puede meter en una placa base, con lo que se duplica su potencia y se disminuye su precio. “Esta ley se va cumpliendo año tras año, y se ve cómo un ordenador de 500 euros de ahora, de los que tenemos cualquiera en nuestros despachos o casas, realiza un número de operaciones por segundo igual que el cerebro de un ratón”, explica Barea.

“Si esta ley sigue adelante, que va a seguir”, asegura, “en 2025 ese ordenador de 500 euros va a hacer el mismo número de operaciones por segundo que un cerebro humano, y en el año 2045 hará el mismo número que toda la humanidad junta. Eso abre unas perspectivas brutales”.

Y no sólo en los ordenadores. “Por ejemplo, la biotecnología. En la decodificación del código genético nos viene una revolución brutal”, dice. “¿Sabes lo que me hicieron en la NASA? Puse mi saliva en un botecito, lo mandaron a una empresa, y dos semanas después tenía en mi email mi código genético completo, con las cinco enfermedades más probables que puedo desarrollar durante mi vida. Y curiosamente, esa gente que no sabía nada de mí, sólo mi saliva y mi email, me dijo, de las cinco, cuatro que tienen mis padres”.

“Dentro de poco va a explotar también, por ejemplo, lo que se conoce como biotecnología sintética”, apunta, “y vamos a empezar a recrear partes de nuestro cuerpo en el laboratorio. Un nuevo hígado, un nuevo riñón…”. Barea habla y va desvelando un impresionante  nuevo mundo en la nanotecnología, los nuevos materiales, nuevas medicinas… “Semillas que permitan multiplicar las cosechas, cultivos hidropónicos”, enumera.

“Por ejemplo, después de estar alli, yo pensaba que la energía solar es algo de largo plazo, subvencionado, y no te puedes imaginar”, añade. “En este momento la tecnología ‘hot’ en Silicon Valley es esa, las start ups en las que se está invirtiendo son esas, porque va a pegar un boom, En cuatro año la energía solar ya será más barata que pagar la corriente eléctrica. Las curvas de eficiencia de las celdas fotovoltaicas…”, abre los brazos. “Dentro de nada todos los tendremos en nuestros tejadom y nos van a cubrir todas las necesidades energéticas, todas, incluso vamos a vender electricidad a Endesa, porque los paneles generarán suficiente energía. En cinco años puede estar solucionado”.

Se eliminará la dependencia del petróleo,asegura: “La frase es: la Edad de Piedra no se terminó porque se acabaran las piedras. La Edad del Petróleo no terminará porque se acabe el petróleo. Todos los países productores se tendrán que reconvertir”.

“¿Sabes cuál es el mayor causante de efecto invernadero?”, pregunta, y responde: “Pensamos que son los coches, el CO2… No, es el ganado, el metano que genera. Y en el libro se dice: vamos hacia un mundo en el que la revolución biotecnológica va a producir carne artificial. Vamos a producir solomillo de ternera en fábricas, no vamos a tener que matar una vaca para eso, lo haremos en un laboratorio. Ya se están empezando a fabricar tejidos en laboratorios., no tendremos que tener millones de vacas y matarlas”, sonríe. “Es un ejemplo”.

Pero también es un mundo con posibles peligros. “En medio del programa, de pronto nos dedicaron dos o tres días a hablar de los riesgos de todo esto”, reflexiona. “Empezamos a hacer árboles de riesgos a corto, medio y largo plazo, y claro que los hay. Por ejemplo, nunca, en la historia un sólo individuo tiene en sus manos tanto poder para hacer cosas. Antes, el ‘malo’ era, no sé, Rusia”, sonríe. “Pero ahora un señor en un laboratorio te saca un virus modificado y te mata a millones de personas. Esos riesgos están ahí”.

Recortes e innovación

España, en estos momentos, ha emprendido, al parecer, un camino inverso a esta revolución, con recortes en educación,  investigación y ciencia. “Es una de las grandes críticas que le hago al gobierno”, dice Barea. “Entiendo que no hay dinero, que hay que recortar por todos lados… Pero si se recorta en educación y en investigación, ¿qué futuro nos espera? Y más a un país como España, que está en tierra de nadie. Nosotros no somos competitivos en costes, pues tenemos sueldos europeos, y tampoco somos competitivos en innovación, pues no investigamos, no innovamos. Entonces, ¿dónde nos quedamos? En tierra de nadie, nuestros productos no serán competitivos. La única manera de que España sea competitiva es ciencia, tecnología e innovación, no hay otro camino. Y si le pegamos un tijeretazo a eso… Yo entiendo que el gobierno tiene encima mucha presión, y hay que cortar por todos lados, pero creo que hay prioridades que están por encima de todo. Uno es la educación, y otro es, por lo menos, la innovación”.

La industria hortofrutícola almeriense, por ejemplo, “no puede competir con Marruecos, es imposible”, afirma. “¿Cómo podemos competir? Con investigación, innovación, teniendo productos que no puedan ofrecer los marroquíes, porque no tienen ese conocimiento”.

“El mármol, Cosentino, el Silestone. Todas las empresas del sector del mármol, desgraciadamente, esán hundidas por la crisis en la construcción. Menos Cosentino. ¿Por qué? Porque ha hecho investigaciones en un producto, el Silestone, que no tiene nadie en el mundo. Ese es el camino en Almería”.

Un mensaje para los jóvenes: “ponte las pilas, depende de ti”

“Hay un mensaje que es fundamental”, afirma Juan Martínez Barea, “y que doy a los niños y  jóvenes en las conferencias en los colegios: Nunca antes en la Historia ha sido menos importante la geografía, nunca antes ha dado menos igual dónde has nacido. Tenéis acceso a todo”, y hace un gesto con la mano. “Os envidio”.

“Ahora bien”, añade, levantando un dedo, “tenéis también la amenaza de que hay tres mil millones de personas del mundo emergente, de China, de India, Brasil, Rusia, Bangladesh, de Indonesia, que están iguales que vosotros, con esas mismas oportunidades, y que tienen más hambre que vosotros, más ambición. Como no os espabiléis, os comen”.

“Mi padre nació en Macael, y con 18 años tuvo que emigrar”, continúa. “Ha estado durante toda su vida trabajando con sus manos 14 horas al día, para traer el alimento a casa. Porque nació allí y no tenía acceso al conocimiento, ni a la universidad. Hoy, un niño que nazca en Macael tiene acceso inmediato a todo el conocimiento del mundo, igual que el que lo tiene el de Nueva York, el de Londres o el de Madrid. Hay una plataforma global que te da acceso a todo”.

Para Barea, una persona formada e inmersa en el mundo de la innovación y los emprendedores, esto es algo maravilloso. “Es un mensaje de optimismo, pero de ‘ponte las pilas’, una noticia buenísima para el que esté espabilado”, afirma. “El mundo se rompe entre preparados y no preparados. Se está viendo. Y lo bueno es que depende de cada uno. No de tu familia, tus apellidos o tus recursos económicos. No depende siquiera del gobierno. Depende de ti”.

“Veo el mapa del mundo dentro de 20 años”, dice. “Zonas rojas, zonas verdes. Países preparados, países no preparados. Regiones preparadas y no preparadas. Pero dentro de esas regiones, por ejemplo, si tenemos esa visión pesimista de Andalucía, dentro te meterás y verás empresas preparadas y no preparadas. Tendrás un Cosentino, que es líder mundial, y al lado una empresa que tendrá que cerrar. Y si te acercas más, tendrás niños preparados y otros que no lo estarán. Y es una maravilla, porque ellos podrán, aún así, competir…”.

En la Fundación Eduarda Justo, de la que es director, “damos becas para estudiar en las mejores universidades del mundo, y el año pasado también abrimos para mandar niños de 15 años a hacer el bachillerato internacional en los Colegios del Mundo Unido, una red internacional de 35 centros en diferentes países donde sólo se puede entrar becado, da igual que tengas mucho dinero, o poco, que tu familia sea importante o no. Sólo pueden ir niños bien preparados”.

Comerse el mundo es posible

“Nosotros becamos a dos niños de la provincia, creo que eran uno de Carboneras y otro de Almería”, apunta. “¡Si vieras a esos niños, bien preparados, con una madurez..! Estoy convencido de que van a poder competir con los mejores del mundo, ¡saliendo de lugares donde antes eso era impensable!”.
“De modo que soy optimista, pues pienso que, si soy capaz de transmitirle a mis niños esos valores, esa urgencia de prepararse, se podrán comer el mundo. Y no porque yo tenga más o menos dinero, sino porque el mundo está ahí”.

(Publicado en el periódico La Voz de Almería, el 9 de abril de 2012).

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