Juan Miguel González el último, por ahora, gran luthier almeriense

Juan Miguel Gonzalez en su taller

El guitarrero Juan Miguel Gonzalez en su taller (Fotos: Juan Sanchez).

“Es un trabajo que es bonito, pero es muy duro. Muy solitario, tienes que estar muy centrado en lo que estás haciendo…”. Juan Miguel González pasa la mano sobre la tapa sin pulir de la guitarra y recorre con la vista el taller donde ha pasado gran parte de su vida. “Y claro, es un gusanillo, porque tú haces una guitarra y más o menos suena, y otra, y más o menos suena, pero nunca estás contento con lo que haces. Es algo que siempre va a más. Te come, te come, y no quieres estar en más nada, ni con más nadie”.
Mueve la cabeza. Juan Miguel conversa con voz pausada, queda,  en la que no hay reproche, sino experiencia. Sabiduría. Su vista se posa en sus manos, en la madera basta que ya tiene forma de instrumento y de pronto levanta los ojos, ahora iluminados: “Pero luego, cuando ya tienes una cierta experiencia, y ves los resultados, es cuando gozas con esto. Cuando luego voy a un concierto y escucho cómo suena una guitarra mía, pues fíjate, me pongo así… ¡Es que es como un hijo!”.
De padre a hijo
Juan Miguel González ha vivido toda en el mundo del taller de guitarras. Hijo de Miguel González Abad, quien recogió de alguna forma el testigo de los hermanos Moya en el ‘árbol genealógico’ de los guitarreros almeriense, en el que se encuentra, además, el insigne nombre de Antonio de Torres, padre de la guitarra tal y como la conocemos hoy en día.
Nació en Almería, en 1947, y como eran las cosas en aquella época, Juan Miguel estaba ya ayudando y aprendiendo en el taller de su padre desde antes de terminar la escuela. Aprendió el oficio como se hace de verdad, desde abajo, en interminables jornadas de trabajo y pruebas, de errores y descubrimientos que van puliendo la experiencia. Sus manos, sus herramientas, atestiguan la dura labor de años. Algunas, como la moldeadora de los laterales, las ha hecho él mismo.
Sus guitarras ya tienen un prestigio, y las tocan desde artistas flamencos de la talla de Tomatito hasta clásicos de varias escuelas y países. En alguna prensa especializada lo han catalogado como uno de los mejores diez guitarreros de España, y eso lo llena de orgullo y lo impulsa, dice, a volver a su taller cada vez que viaja y ve cómo se reciben sus instrumentos.
Siempre de vuelta al taller, al gusanillo de lograr algo mejor. Como todo artista, tal vez sin saberlo Juan Miguel González persigue un ideal, un sueño que nunca logrará, si es auténtico, pues su esencia es precisamente el afán de su búsqueda. Es el ingrato y dulce precio que se cobra el arte, la creación, con los humanos que la persiguen.

Juan Miguel Gonzalez en su taller

Juan Miguel Gonzalez en su taller

¿Y qué secretos tiene la guitarra? Juan Miguel se encoge de hombros. “La madre del cordero está en el timbre”, dice. “Esto, en esencia, en realidad, es un tambor, una caja con una forma, una estructura, un volumen en el que se mueve el aire. Es una caja de resonancia, más grave o más aguda, depende del tratado que le des a la madera. Y el secreto está en darle un timbre, un sonido, una pureza…”.
Como todo el mundo, Juan Miguel parte para sus instrumentos del canon que fijó Antonio de Torres. “Todo el mundo sale de ahí”, explica. “Ten en cuenta que hoy en día la guitarra española sigue igual que la inició Torres. Y lo encontró aquí, en La Cañada, aunque yo pienso que él tuvo que tener sus asesores, porque solo es muy difícil. Asesores musicales, tal vez Arcas, que era su compadre…”.
Ahora, sin embargo, se hacen guitarras más grandes, y hay diferencias entre los instrumentos para lo clásico y el flamenco. “No tienen nada que ver”, dice, tajante, mientras saca dos instrumentos y los coloca uno al lado del otro. “Este es un problema que hay con los constructores de guitarra en Andalucía, porque le dicen guitarra clásica a la que es de palosanto, oscura, y flamenca a la que es clara, de ciprés. Y no es así. Para tocar música clásica se necesita un sonido robusto, más grande, más grueso. Pesa más, es más ancha”.
En su taller, el tiempo transcurre con otro ritmo. Aquí hay maderas, y herramientas, que incluso ha heredado de su padre. Apilados en las estanterías y los rincones, en un orden que se intuye fruto de las muchas experiencias, las distintas partes de la guitarra esperan el turno en que por fin se ensamblen en un instrumento. Se ven pedazos inertes de madera, pero las manos de Juan Miguel los harán sonar. Cada instrumento es un hijo, un milagro. Magia y física. La obra del último gran luthier almeriense.

De proporciones y maderas, los secretos de una guitarra

Juan Miguel Gonzalez en su taller

Juan Miguel Gonzalez en su taller (Foto: Juan Sanchez).

El taller de Juan Miguel González, en la carretera del Club Hípico, en La Cañada, como el de Antonio de Torres, es un lugar tranquilo y umbroso, hecho para le trabajo reposado y concentrado, para el aislamiento. Aquí todo tiene una utilidad. Cada pieza de madera, cada herramienta, cada moldura.
Aquí recibe a guitarristas, a coleccionistas, a periodistas y amigos. Juan Miguel deja que curioseen por las estanterías, responde a todas la preguntas, explica las maderas nobles que utiliza, palosanto de India, de Madagascar, Cabiuna, ciprés español, abeto alemán, o centroeuropeo para la tapa, el cedro brasileño, de Honduras…
Le pregunto por el secreto que esconde la tapa, verdadera obsesión del propio Antonio de Torres. “Es la base del instrumento”, asiente. “Es la que lleva el sonido, el peso de la guitarra. Lo demás es una caja,unos litros cúbicos que mueven el aire. La tapa es lo que hace el timbre y el volumen”.
“Pero hoy en día te digo que la parte de los aros y el fondo de la guitarra también intervienen, según mi experiencia, en el timbre de la guitarra”, agrega. En el taraceado de la boca hace varios motivos, pero los suyos se distinguen por un cordón de plata de ley.
Cajas, puentes, trastes
Pero la madre del cordero, repite, está en el timbre, y en las proporciones. Dicen los que estudian este instrumento que ya Dionisio Aguado estudiaba esto, y que Torres logró fijar un canon que rige hasta hoy. El largo del tiro es al largo de la caja en tres cuartas partes. Luego, las tres cuartas partes de la caja son la cadera, y las tres cuartas partes de la cadera son el hombro. Y el puente está en la tercera parte, y el traste 12 en el punto.
Juan Miguel abre los brazos y suspira. “Sí, pero…”. Habla de números y señala las partes en una guitarra a medio hacer que sostiene en sus manos. “Teóricamente eso está demostrado desde hace muchísimos años, pero algunos lo han hecho en vez de 53 centímetros, en 52 o en 56, es algo muy relativo”, dice. “La guitarra que se está fabricando hoy, de concierto, es más grande de las que hacía Torres, pero se mantienen las proporciones. Él también tiene guitarras más grandes y más pequeñas en su gama. Las proporciones son variables. Siguen siendo las que él marcó, pero los tamaños cambian”.
Y el oficio, ¿peligra? Juan Miguel reflexiona un momento. “No lo creo”, dice al fin. “Hay jóvenes interesados, pero tendría que haber una fórmula. Vamos a ver con la escuela que se quiere hacer en el nuevo Museo de la Guitarra. Pero lo cierto es que hay mucha gente interesada en esto”.

Las guitarras del ‘Julián Arcas’ y la reproducción de una Torres de 1888

Guitarra

Guitarra

El pasado año, Juan Miguel González realizó una réplica de la guitarra que Antonio de Torres construyó para el guitarrista Francisco Tárrega en 1888, en Almería. “Para mí fue una experiencia muy bonita. Porque dices: fíjate tú la época en que se hizo esta historia, y la estoy haciendo yo ahora en la misma tierra donde nació Torres… Mira, es que se me ponen los vellos de punta”, dice, y muestra el brazo, sonriente. “Ese instrumento fue espectacular. Lo han probado gente en Madrid, y fue llegar allí la guitarra, y el mismo día ya estaba dando un concierto en un homenaje a Andrés Segovia…”.
Juan Miguel también hace los instrumentos que forman parte del premio del Certamen Internacional de Guitarra Julián Arcas, que cada año organiza Cajamar, y el propio Tomatito las tiene entre sus preferidas. “Es, ante todo, un gran amigo”, dice el luthier. “Y tenemos un proyecto para hacer unas guitarras… Ojalá salga”. y se calla, pues de estas cosas no se habla hasta que se concretan.
¿Y qué le pide un flamenco a una guitarra? “El timbre, que es lo más importante”, responde. “Unas tensiones… Y la comodidad, sobre todo la comodidad”. ¿Y el clásico? “Aunque ahora tienden también a no ser tan altas como antes de cuerdas, te piden sobre todo elegancia, el timbre que sea bonito, y que esté bien terminada, que sea cómoda.

Anuncios

2 comentarios en “Juan Miguel González el último, por ahora, gran luthier almeriense

  1. El títular es erróneo, como tal no es el único luthier que queda en Almería. Mi padre Antonio Galera Pérez también es luthier desde hace muchísimos años, de hecho, a el le enseño a hacer guitarras Gerundino Fernández entre otros.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s