Entrevista a Wole Soyinka

Wole Soyinka

Wole Soyinka había llegado a Almería invitado por la universidad y el Instituto de Estudios Almerienses para participar en una lectura de sus poemas en el Mayo Poético del año 2009. Por la mañana había sido recibido en el salón de actos del campus con una cerrada y larga ovación, y al salir, casi al pie del coche que lo llevaba de vuelta al hotel, se arregló esta entrevista para la primera hora de la tarde.

Apareció un poco cansado, tal vez por el viaje o la interrupción del descanso tras la comida, tal vez por ambos avatares. Pero Soyinka, de todas formas, es un hombre que impone. Amable, educado, cortés, acostumbrado ya a estos viajes y entrevistas, su presencia desprende desde el primer momento una mezcla de distancia y cercanía, de seriedad y de un respeto basado en ese halo que alcanzan con el tiempo los sabios de cualquier comunidad.

Lo que llama la atención de la conversación con Soyinka es que, sobre todo, es una persona que escucha y observa a sus interlocutores. No interrumpe. Espera pacientemente a que los demás se expresen. De ahí emana el poder que luego, cuando habla, tienen sus palabras. Sabe que su opinión cuenta, que es una de las voces autorizadas para reflexionar de nuestro tiempo y nuestra cultura como seres humanos, y tal vez por eso sopesa sus palabras. Pero a la vez, cuando comienza a hablar, Soyinka se convierte en un hombre cercano, que ilustra sus reflexiones con ejemplos, que bromea y gesticula, con una mirada que pasa de la seriedad a la ironía o la risa, y que te mira para que sepas que, por mucho premio Nobel que le hayan dado, está aquí, en este momento, escuchándote y hablando contigo.

A la entrevista también acudió Antonio Lafarque, escritor, poeta y gran lector de poesía, con una batería propia de preguntas. Comenzamos, sin embargo, hablando de nuestro tiempo y algunos de sus problemas más controvertidos.

¿Qué piensa sobre este fenómeno de la globalización?

Nunca he visto la globalización como un fenómeno nuevo. Pienso que ha estado en el mundo desde las primeras rutas comerciales y la proliferación de las religiones. El comercio y las religiones han estado siempre de la mano en esto. El comercio no sólo ha intercambiado productos específicos, sino también las propias culturas de los quienes comercian, y las religiones no sólo llevan la espiritualidad de las naciones, ya sean cristianas, musulmanas, hindú… también llevan consigo elementos de este mundo globalizado. Así que de lo que estamos hablando hoy, en mi opinión, es de una aceleración en el proceso, en la rapidez, y el hecho de que ciertas partes del mundo están tecnológicamente menos alejadas y están recibiendo, en una forma unidireccional, el bagaje cultural de otras sociedades, porque este bagaje cultural tiene como vehículo para transmitirse la propia tecnología.

Está el problema del impacto de esta globalización en las culturas minoritarias, ¿podrían desaparecer, verse devoradas, o se enriquecerán?

Es una situación de conflicto. Le voy a dar un ejemplo: la cultura oral, la poesía oral, el teatro oral, incluyendo el teatro político en la tradición oral, las adaptaciones de formas orales, han tenido un impulso como resultado de la existencia y el uso, de la radio y la televisión. Es lo que está pasando ahora mismo. Las formas poéticas de varias culturas rurales han sido incluidas en películas, y así han podido ser conocidas.

En el lado negativo, tenemos que decir que hay algo en las generaciones más jóvenes que, cuando tienen para escoger, tienden a irse hacia las culturas externas. Es más superficial, más falso, algunos incluso encuentran sus propias tradiciones graciosas, anticuadas, raras. Esa mentalidad se está creando al mismo tiempo.

Si caminas por las calles de Lagos, si vas a los clubes nocturnos, o a los locales de música pop, los ves con esos bailes (hace gestos oscilantes con las manos)… Se saben el Moon Walk de Michael Jackson, el breakdance, y todo eso, y no conocen sus bailes tradicionales. Así que ese daño se está haciendo.

Wole Soyinka.

Wole Soyinka. (Foto: Juan Sanchez)

También hay un daño, digamos, a las culturas establecidas…

Lo que usted dice es que nos enfrentamos a un fenómeno universal, que afecta los valores de las relaciones que pertenecen a las sociedades. Tomo como ejemplo el hecho de que la sociedad italiana, famosa por su estructura familiar, se sabe, por varios estudios, que ese núcleo cercano de la estructura familiar italiana se está resquebrajando como consecuencia del impacto del comercio global, las oportunidades de viajar, la emigración y así.

Una de las razones de que África esté menos afectada que Europa por la crisis financiera actual (es decir, está afectada, sí, pero el impacto es menor en África), es por la supervivencia de mucha de esa cultura tradicional de soporte interno. Así, ha sido desastrosa en países como Estados Unidos, y ha afectado a las familias en formas que yo he podido apreciar, algo muy lejos de lo que ha ocurrido en el continente africano. Sí, el continente africano está acostumbrado a ser pobre, pero, además, el efecto que ha tenido en los seres humanos está muy alejado.

¿Cuál es estado actual de la poesía y el teatro en África?

En cuanto a la poesía y la narrativa, tenemos una maravillosa cosecha de jóvenes escritores, que incluso están recibiendo reconocimiento en el mundo. En teatro es una situación diferente. El teatro está siendo muy afectado por el vídeo y, no tanto por el cine, sino por la proliferación y la facilidad de la tecnología de producción de video y juegos. Hemos perdido compañías famosas de teatro ambulante, una forma maravillosa de grupo, que actúa en muchos lugares, como las antiguas compañías europeas.

Deben haber escuchado esta palabra tan fea: Nollywood. Esa es la causa por la que los mejores actores, directores de teatro se van. Y se hace con sólo una cámara, y los directores, que no saben nada de teatro, son sólo hombres de negocios, ponen un pequeño capital y vienen aquí y nos dicen: “¿Cuánto se van a demorar?”, “Terminaremos en media hora”, “Okey, los contrato por el resto del día”. Y viene y dice, tú eres la madre, tú el hijo, y comienzan a rodar, y antes del anochecer ha hecho tres videos. Eso es lo que está pasando con el teatro, desgraciadamente. Es muy barato, de muy mala calidad, no pretende ser arte, pero ¡es popular! ¿qué se puede hacer? ¡Es popular! Y en España hay muchos nigerianos… Estoy seguro de que cada semana vienen personas a Europa con maletas llenas con unas cien ‘new releases’. Vienen, las venden, con ese dinero compran mercancías, que llevan de vuelta a Nigeria o algún otro país de África, y se hacen millonarios. Es muy difícil de criticar este negocio porque está proporcionando comida a cientos, miles de personas.

¿Cuál es el papel del intelectual en un mundo como el actual, si lo debe tener?

Sé por qué esas preocupaciones suyas (Le había contado a Soyinka, mientras nos sentábamos para la entrevista, que soy cubano). Estuve en Cuba en el 62, poco después de la llegada de la Revolución, y se discutía mucho acerca del compromiso del escritor, los intelectuales. Este debate estaba en marcha, el rol del intelectual… Es una pregunta muy difícil, porque, especialmente en esos primeros días de revolución en cualquier sociedad, los intelectuales piensan que están sirviendo al pueblo y terminan sirviendo al estado, al stablishment. En otras palabras, está el peligro de sustituir una lealtad a la ortodoxia contra la pluralidad de las direcciones intelectuales en la sociedad. Ese es el peligro para el intelectual.

Wole Soyinka

Wole Soyinka

Creo que por eso es que en algunas sociedades se hace una distinción entre lo que podríamos llamar el intelectual enclaustrado y el intelectual público. El enclaustrado se pone a seguro escribiendo sólo a lo que está publicado, a las bibliotecas, a los libros, y no está relacionado, unido, a lo que está ocurriendo en las calles. El intelectual público se implica directamente, por supuesto. Aplica sus talentos analíticos, toda su casa de referencias históricas, ideológicas, las relaciona a lo que está pasando en las calles. Y, por lo tanto, corre el riesgo, de vez en cuando, de ir contra el stablishment y el poder.

El intelectual tiene que elegir. Además de la distinción entre el intelectual enclaustrado y el público… El intelectual, primero que todo, debe ser muy honesto consigo mismo, y escoger en qué camino su temperamento lo lleva. Esto es lo primero. De lo que estamos hablando es del intelectual público. El que tiene temperamento para ser público. Y la función de ese intelectual es la de estar comprometido con una objetividad absoluta. Y tiene que entender que, como analista de la sociedad, el público está buscando su guía. Es por eso que es esencial la máxima honestidad. Porque está el peligro de que el intelectual público llegue a ser populista. Es muy fácil el querer ser reconocido, deificado, por caer en acercamientos simplistas a los asuntos. El deber del intelectual es mantener su integridad intelectual, y no importa si mucha gente no comprende lo que dice, o se arriesga de ir contra el mismo poder del estado. El intelectual viaja por una línea muy fina, y no debe ir hacia la popularidad barata.

Le pondré un ejemplo. Hablemos de políticas económicas. Un gobierno quiere incrementar los subsidios, o ayudar de alguna forma a las fábricas, digamos de petróleo, para incrementar el número de trabajos o los salarios. Lo más fácil en el mundo para el intelectual es salir y agitar a favor de tal política, que tiene beneficios inmediatos para los trabajadores, o los campesinos. Pero supongamos que un intelectual con un sentido profundo de la economía diga: “No, no, no. No incrementemos los salarios, en su lugar mejoremos los servicios públicos como los de la salud, la acogida, educación gratuita, y así. Incrementemos las provisiones de estas instalaciones, que entonces reducen la necesidad de incrementar los precios”. Bueno, pues ese intelectual sería, inmediatamente… No sería popular, porque los trabajadores dirían: “Este hombre está impidiendo dinero extra en mi bolsillo”. Un dinero que sería tragado inmediatamente por el mercado, e incrementaría el precio de la comida, porque los comerciantes dirían: “Ajá, tienen dinero”, los doctores dirían: “Tienes que pagar”, y así. Así pues, el intelectual honesto, a pesar del hecho de que será impopular en la carrera corta, sabe muy bien que su mayor servicio es a largo plazo, y busca otras soluciones que proporcionen beneficios permanentes y duraderos al público. Esa es la distinción.

Uno de los problemas graves de África, hoy, es la emigración, ¿cuál es su opinión al respecto? Ya habló por la mañana de la pérdida de material humano e intelectual…

Este es un problema que debe ser solucionado creativamente por el país del cual vienen los inmigrantes, en colaboración con el país hacia el que van, por razones económicas obvias. Y creo que si calculamos cuánto está costando a los países de la línea costera, como España, por ejemplo, o Latinoamérica, a donde llegan muchos africanos para pasar a través de México cruzando el desierto y mueren… Si examinamos el costo que hacen estos países recipientes, calculemos cuánto cuesta patrullar las aguas, pagar a los guardias fronterizos, mantener a los inmigrantes en prisiones antes de repatriarlos, y así… Calculemos esto y veamos si no es más constructivo usar estos medios en acciones bilaterales con las naciones de las que vienen los inmigrantes para establecer en esos países industrias, comercios, para que se queden. Porque la gente se va porque tienen hambre, las familias están hambrientas, miran a su alrededor y no pueden ver un futuro, y prefieren morir, arriesgar sus vidas, en lugar de vivir en esa pobreza. Así que lo que yo propongo constantemente es una colaboración constructiva entre los países de inmigrantes y los recipientes.

(Antonio Lafarque comenta la paradoja entre los avances tecnológicos y el desarrollo social). El ser humano es capaz de colocar una nave en el cosmos, pero no es capaz de gestionar una patera con diez o doce inmigrantes, ¿cómo se podría salvar ese escalón?

Es una paradoja del desarrollo humano. A veces pienso en cuánto se quema en los países más desarrollados, literalmente se quema, y que una fracción de eso ayudaría tanto… (La voz de Soyinka suena de pronto cansada, decepcionada por haber contemplado este fenómeno durante tanto tiempo. Se queda un momento en silencio, moviendo la cabeza lentamente). Es un misterio de la desigualdad humana…

Wole Soyinka

Wole Soyinka

¿Cómo ve el futuro de África? (pregunto).

Lucha. Más y más lucha. Es todo lo que veo.

¿Y nosotros qué podemos hacer para ayudar en esa lucha?

Es esencial que el mundo exterior… Han habido avances. Hubo un tiempo en que, por sus propios intereses personales, internos, Europa y América apoyaron a virtualmente todos los monstruos que aparecieron en el continente africano. Hubo un tiempo. El mito del hombre fuerte. No importaba si ese hombre fuerte estaba masacrando a los ciudadanos, decían, necesitamos a ese hombre fuerte para mantener unido el país. Una completa falacia. Esa etapa se ha superado.

Mobutu Sese Seko, Bokassa, Ngwema, Edema… Idi Amín, por supuesto, que fue apoyado por los británicos, por América, por la Unión Soviética, por Bélgica, una vez por Israel, otra por la Organización para la Liberación de Palestina… Es irónica esta teoría de los apoyos que África ha sufrido del mundo exterior. Bueno, esa política está comenzando a cambiar, y ese cambio debe ser acelerado. Ahora nos movemos hacia un escenario en el que la Corte Internacional prepara sumarios contra Omar Bashir, pero la Unión Africana, por otro lado, es muy floja (‘pussy footing’, dice, literalmente), no está forzando su camino, aún tiene esta noción anticuada y totalmente deshonesta de la solidaridad. Y lo mismo la Liga Árabe, que con la Unión Africana están apoyando a este hombre, ¿de qué están hablando? Su función debería ser apoyar los dos millones y medio de refugiados de allí en campamentos en el desierto. Ahí es adonde debe existir toda la ayuda humanística de las organizaciones que aún existen. Pero no, tratan de sacar a flote a este monstruo, a este carnicero…

Hay que aislar a estas personas, cortarles el reconocimiento, aplicar sanciones, perseguirlos a donde quiera que estén, y entonces el trabajo de los propios africanos será más fácil. No digo que todo se resuelva completamente, inmediatamente, pero al menos el orgullo de ese tipo de apoyo ayudará. De esa forma al menos se reduciría el handicap que tienen los africanos.

¿Qué piensa del fenómeno Obama?

El fenómeno Obama muestra que incluso los Estados Unidos de América no están mas allá de la salvación. Todavía hay esperanza para América. Olvida su raza, olvida su background, olvida todo. En mi opinión, tenemos que estar de acuerdo de que, después de George Bush, este es un increíble fenómeno positivo en el panorama norteamericano. No hay duda de que que no hay comparación con lo que había antes. Incluso durante la campaña, la suya fue una de las más inteligentes que yo he presenciado nunca en los Estados Unidos.

Creo que África no debería poner demasiada carga sobre Obama. Él es el presidente de América, es el presidente americano, y no se debe esperar de él más de lo que siempre se ha pedido de un presidente. No debemos pedir menos, pero no más.

Ya es hora de ir concluyendo la entrevista, y Lafarque toma el testigo y se adentra en el terreno de la poesía.

¿Existe la inspiración poética?

Algunas personas igualan la inspiración a la espontaneidad. Y no es la misma cosa. Usted puede estar inspirado por algo, y luego tomar un mes, un año, incluso diez años para (recall) algo que ha estado (cautivo, embeded) de alguna manera en su mente, en una forma poética los eventos que fueron tomados en aquél momento particular. Y esto, al final, es inspiración. (Algo que lo desencadena). Le pondré el ejemplo de la música. Yo escribo la música de todas mis obras. De hecho, me considero un músico frustrado. Y a veces trabajo muy duro escribiendo alguna canción, y me toma un tiempo antes de quedar satisfecho con la música, la melodía de esa canción. Y otras veces estoy distraído en mi garaje, o me despierto en la mañana, y esto es cierto, le pasa a muchos músicos con los que he comparado experiencias, y tengo la música en mi cabeza, sólo tengo que escribirla. A veces, cuando comienzo a ensayar, y hacemos la música, estoy esperando que alguien diga: “Hey, ¿esa no es la música de otra persona?” O cuando empezamos las funciones, estoy esperando que alguien me acuse de plagio, porque ¿de dónde vino esa música, esa canción? No tengo idea. Así que estoy muy feliz de que, tras tantas funciones, nadie ha venido a acusarme de plagio. Es algo que me aterroriza.

Se ha intentado definir un buen poema de todas las formas posibles. A mí la que más me gusta es la de que un buen poema es aquél que hace mejor persona a quien lo lee. ¿Qué opina sobre esto?

Wole Soyinka

Wole Soyinka

La poesía hace mejor a la persona que lo lee. Tengo la sensación de que no entiendo lo que quiere decir ‘mejor’. Yo usaría la expresión agranda, amplía el horizonte del lector. No ‘mejor’. Los poemas no hacen mejores personas, pero pienso que un poema puede considerarse que ha alcanzado su misión cuando agranda el mundo del individuo.

Cuando escribe, ¿en qué tipo de lectores piensa?

No pienso en ningún lector, en lo absoluto. Tengo que sacarlo fuera de mi sistema. Estoy convencido de que en algún lugar del mundo, en África o en Asia, en un bote o una granja, en este planeta u otro, tiene que haber alguien, en algún lugar, que esté en la misma longitud de onda en la que yo estoy.

(Versión completa de la entrevista publicada en el diario La Voz de Almería, mayo 2009).

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