Una visita al yacimiento de Los Millares con Martín Almagro

Martin Almagro en Los Millares, Almería

Martin Almagro

Estamos en el 23 de septiembre de 2009, caminando por los senderos a cielo abierto del yacimiento de Los Millares, en una visita que ha organizado el Instituto de Estudios Almerienses en esta fresca mañana de septiembre por el evento ‘Almería, un museo a cielo abierto’. Martín Almagro es un hombre erguido, activo, y camina entre estas piedras y campos con más agilidad que muchos de los participantes más jóvenes.  En sus pasos, en su mirada, en la forma en que observa cada detalle y el conjunto del terreno, se nota que está acostumbrado a estos lugares áridos y abruptos donde la Historia ha quedado atrapada en la tierra.

Almagro ha pasado toda su vida dedicado a esto de la arqueología, es Catedrático Doctorado en Historia por la Universidad Complutense de Madrid y Anticuario Perpetuo de la Real Academia de la Historia, especializado en la protohistoria de la Península Ibérica y Europa Occidental, Tartessos, la cultura Ibérica y la Céltica, en procesos de Aculturación y Etnogénesis, Museología, Excavaciones y Patrimonio Cultural. Son muchos cargos, mucho el prestigio que lo precede, y al principio muchos se cohíben al hablarle, pero pronto esa sensación se desvanece. Es un tipo cercano, responde a todo largamente, sonríe, disfruta.

La arqueología

Para seguir con una conversación del día anterior, le pregunto qué puede aportar el estudio de la arqueología a una sociedad como la actual. “¿Qué aporta tu pasado a tu forma de ser y tu proyección de futuro?”, pregunta de vuelta, y él mismo responde: “Tu memoria. El pasado es nuestra memoria colectiva, porque, además, el pasado es colectivo, de toda la sociedad. Si no somos capaces de conocernos, vamos ciego. Este pasado es la infancia más profunda, es donde realmente se ha formado tu forma de ser más profunda. Es decir, tú no estás todo el tiempo pensando qué te pasó cuando tenías tres años, pero eso está repercutiendo en tu forma de ser, y el día que tomas una decisión, tienes que ver quién eres, de dónde vienes. Y por eso tiene tanto morbo la arqueología, más que encontrar el arca perdida. El arca perdida es entender, en ese pasado, lo que tú eres”.

“Conocerte es conocer tu pasado. Nosotros somos el resultado de una proyección del pasado. Cada uno de nosotros, y también globalmente. Tal vez de forma inconsciente, pero lo necesitamos. Te pongo un ejemplo al revés: de repente me quedo amnésico, pierdo mi pasado. La consecuencia es que no puedo ni levantarme de esta silla, porque no sé dónde ir. Y eso ha pasado a ser consustancial al hombre después de millones de años de evolución. Primero está la vida, y luego nuestra consciencia de nosotros, de nuestro pasado, nuestra experiencia”.

Hemos llegado a la muralla de una de las fortificaciones de Los Millares. El grupo principal se ha adelantado y escucha las explicaciones de la guía. Con nosotros quedan unas cuantas personas. Almagro se detiene y observa el lienzo de muralla que sobresale de la tierra. Allí trabajó su padre, el prestigioso arqueólogo Martín Almagro Basch, y también él, cuando joven, alguna vez.

“Es que la arqueología lo que estudia, realmente, no es la historia sino al ser humano”, continúa, y de pronto se encoge de hombros. “¿Y a mí qué me importa la Historia?”. Todos callamos, asombrados y un tanto intimidados por la pregunta y por sus posibles respuestas, pero por suerte no es más que un giro retórico y Almagro sigue hablando. “Hombre, es que yo me encuentro unos cascotes y los tiro al río, con perdón, compréndeme. ¿Qué me importan los cascotes? Lo que me importa es lo que me cuenten de quienes los hicieron”.

“Que alguien tenga una hacha de estas, por ejemplo, no lo veo mal. Siempre que esté registrada y conservada. Y te diré una cosa que te espantará mucho más. Yo no tendría inconveniente en que un particular pagara una excavación y se quedara con las piezas”. Levanta el dedo y enarca las cejas. “Si quedaban registradas. Es lo que hizo Cuadrado, y está todo muy bien. Es complementario a la labor… Hombre, lo que no puede hacer es coger las piezas, venderlas y dispersarlas. Creo que hemos burocratizado esta labor y le hemos dado una rigidez a las estructuras, que al final, acaban siendo perjudiciales para todos. Yo puedo ir a ver a un médico particular y a uno público, y a ver quién lo hace mejor”.

¿Y estamos preparando bien el futuro?, pregunto. “Pues si no lo hacemos, la experiencia indica que nuestra línea evolutiva va a extinguirse”, responde. “Quien prepare mejor el futuro, saldrá adelante”.

Le digo que quiero hacerle una foto para el periódico, y se sube a la muralla. Todos se miran, con el alma en vilo. Está prohibido, piensan o dicen todos por lo bajo, sacrilegio. Almagro sonríe, como disfrutando del espectáculo. “No se preocupen, estas sólo son unas piedras, lo interesante está allá abajo, habría que excavar”, dice. Le hago varias fotos, y llama a los organizadores de las jornadas y demás arqueólogos para hacer una foto de grupo. Sonriendo nerviosamente, todos suben y se agrupan. Clic. Enseguida bajan y el grupo continúa su camino.

Encuentro arqueologico IEA Millares

Encuentro de arqueologos en Los Millares

Los Millares

El día es perfecto. El cielo, encapotado pero claro, no hay ni frío ni calor. La mañana es ideal para caminar por estos enormes descampados al aire libre de Los Millares, un yacimiento que Almagro no deja de alabar. ¿Qué cabría esperar encontrar en Los Millares, en Almería?, le pregunto. “Hombre, en un panorama moderno de la arqueología, más que grandes descubrimientos, que siempre salen (Fortuna audaces juvat, la fortuna ayuda al que se lo merece, como es el caso de Siret), yo creo que una región tan rica…”. Duda un momento. “Almería siempre ha sido de las zonas mineras más ricas de Europa, situada en un punto estratégico, y ha desarrollado una de las culturas pioneras de Europa. Y eso es lo que esperamos encontrar, más que tesoros de Tutankamon”.

“Hay algunas tumbas muy ricas, espectaculares, pero lo importante será lo que suponen de aportación al patrimonio europeo. Porque a veces lo vemos todo de una forma… yo soy de Almería, y esto es lo bonito, yo de Córdoba, y esto es de aquí… Pero ahora, por suerte y por desgracia, ambas cosas, el mundo se nos ha hecho pequeño. Yo creo que por suerte. Y lo que sale en Tucumán me enseña de lo que estoy viendo aquí. Entonces, lo que hay que hacer es poner a disposición de los demás la riqueza singular que tienen estas tierras”.

“La de Los Millares es una de las grandes culturas de Europa, donde aprendió el ser humano a montar la primera sociedad compleja, es decir, unos especializados en mandar, otros en hacer otras actividades distintas… Lo harían todo muy mal, pero es la primera vez en que hacen esas diferencias, son más eficaces, explotan mejor el territorio y se expanden mejor. Eso es los Millares, ese es su secreto”.

El grupo se ha vuelto a desgajar del resto, rumbo al área de interpretación que se ha montado junto al yacimiento. “Y en tiempos de crisis, por ejemplo, es casi más importante saber el por qué desapareció esta cultura que todo lo demás. A veces pensamos: ¿Por qué estas culturas se extinguieron, y esta salió adelante? Y pensamos en grandes cataclismos, y grandes tal. Pero a veces los procesos son bastantes más lógicos. Malestar social, o bien una epidemia, o vino gente de afuera, o los vecinos… todavía no lo sabemos”.

“Mira, en las crisis es como en las enfermedades, unos mueren y otros salen fortalecidos. Y esta crisis, primero, no es crisis económica, sino de gestión, de saber gestionar los recursos. Con los mismos recursos que hay, unos van a pasar del tercero al primero, y otros del tercero al octavo. Y eso es, básicamente, experiencia. No sé cómo la quieras llamar, histórica o social o lo que quieras. Y la tecnología es fundamental, pero no puedes hacer tecnología si no hay quien piense el sentido de esta tecnología”.

Llegados al área de interpretación, la gente se dispersa entre las casas y dependencias del pequeño poblado que se ha reproducido. Almagro fisga en los detalles, se hace fotos con la gente que se le acerca, conversa.

Martin Almagro en Los Millares

En el área de interpretación de Los Millares

“Después de tantos años, por deformación profesional voy viendo las cosas vivas”, comenta, cuando le preguntan por el tipo de sociedad que se pudo desarrollar allí. “Aquí lo estoy viendo: en cada casa, matrimonio y tres hijos. Es decir, hombre siempre trabajando o cazando fuera; mujer siempre embarazada, con las cosas del hogar, que eran muchas y duras, y la comida; niños corriendo por todas partes, con una mortalidad infantil altísima…”. Se queda pensativo. “Y luego, hay muchas cosas que todavía tenemos que responder. Como, por ejemplo, qué se hacía con las viudas, qué pasaba con las mujeres cuando perdían al esposo, o con las suegras, cuando moría el marido. Cuál era su papel en esta sociedad… Esas cosas, que son las que nos pueden hablar sobre el ser humano y su evolución social. Hay mucho todavía que investigar aquí. Esto es sólo la punta del iceberg”.

Caminando y observando las casas, nos acercamos a un grupo que comenta el techo de una de las casas. “El humo salía por la paja”, explica Almagro. “La paja, si la pones bien, escurre sola y no se forma barro dentro. La barda son esos ramajes que se ponen por encima para que no se deshaga el adobe. ‘Albarda’ es una palabra árabe, pero ‘barda’ es pre romana, a lo mejor viene de esta época. Es curiosa la arqueología de las palabras. Te voy a decir dos palabras más prerromanas: ‘sendero’, y ‘vereda’”.

Le insisto en que me explique la importancia real que tiene el patrimonio arqueológico de Almería, una tierra acostumbrada a ver cómo sus tesoros se menosprecian y desconocen. Almagro responde que, desde joven, escuchó a su padre hablar de estos yacimientos con admiración. “Mi padre comprendió la importancia del mundo de Los Millares, con sus cosas. Pensó en unos pueblos colonizadores y cosas que ya están superadas, pero lo cierto es que entendió lo que era evidente: la importancia que tiene Los Millares. Hizo un libro sobre este lugar que, 50 años después, sigue siendo un referente”.

“Por ejemplo, en el Argar se pasa de tumbas colectivas a individuales, se enterraba a la gente dentro de su vivienda. Y lo importante en esto es: ¿Qué nos quiere decir esto? ¿Comprendes? Si no, se pierde la potencialidad que tiene. Y los fortines, todavía no se ha podido conocer su función. Eso es fundamental, porque todo se hace con una función. Yo no estuve en aquella época en Los Millares, claro, pero una cosa está clara, si hacían el mayor esfuerzo en hacer fortines, es porque tenía que haber atacantes. Eso ahora no está de moda decirlo, y no vayáis a interpretar lo que no es, pero el primer esfuerzo del hombre ha sido comer, el segundo reproducirse, y el tercero, en ese orden, defenderse. El que no, extinguido. Pero en una generación, ¿eh?, no en tres. Entonces”, se encoge de hombros y abre los brazos, “si esta gente empleaba más tiempo haciendo murallas que cultivando campos… Esas eran sus prioridades. ¿Por qué?”.

“De los Millares también ha salido la primera representación de un barco en un vaso campaniforme, que puede explicar por qué salen vasos campaniformes en Cerdeña, las Baleares y Sicilia. Un hallazgo único en toda Europa occidental. Tenemos aquí el documento de que estos tíos viajaban en barcos de guerra, y no en trirremes, de que iban armados y no a vender cosas. En los Millares se fortificaban, pero también iban por ahí… Es un trocito que tiene medio barco, hay que investigar”.

Yacimiento de Los Millares, Almería

Yacimiento de Los Millares, Almería

“La arqueología se parece mucho a hacer un crucigrama, a veces la palabra más tonta te lo resuelve todo, y a veces colocas mal una palabra y ya puedes abandonar. Y esa es otra de las cosas que atrae a la gente inconscientemente, porque no es una novela, sino irnos conociendo, pero con eso de dar un paso adelante, otro atrás, discutir… que venga gente con otras ideas… Es una cuerda con muchos hilos. Y una tierra como esta, que no tiene grandes teatros romanos ni tal, al final tiene una cosa más atractiva, y hasta más personal. Eso es lo que merece la pena de estas jornadas del Instituto de Estudios Almerienses. Pero hay que hacer un plan estratégico. Aquí se han metido millones y no se ha visto nada. Hay que hacerlo bien”.

Siret

Tras la foto de familia de todo el grupo, finalmente tomamos el sendero de vuelta a la entrada, donde espera el autobús. Le pregunto por la figura de Luis Siret, el arqueólogo belga que, de alguna manera, descubrió, allá por los finales del siglo XIX y principios del XX, estos yacimientos. Almagro reflexiona un momento. “No fue un arqueólogo de máxima categoría mundial, pero sí que fue un gran arqueólogo de talla mundial”, matiza. “En su época, cuando empezaba a montarse la arqueología, tuvo el acierto de ponerse en el microscopio a ver qué salía, y esos datos iluminaron a todos los demás. Y, además, acertó con una tierra muy rica, Almería, por su situación geoestratégica en la península ibérica, al occidente del Mediterráneo, con mucho metal, que había producido mucho desarrollo cultural. Y luego, como ingeniero eficaz, hizo unas publicaciones que son un monumento, y eso lo hizo colocarse en la élite de los historiadores de la prehistoria”.

“Luego hay una segunda faceta muy importante, que es cómo este hombre se apasionó, se enraizó en Almería. Y esa obra fue su fruto, su sudor, y quedó aquí y fructificó en esta tierra. Almería pasó a ser un referente mundial la cultura de Los Millares, la del Argar, etc., gracias a que él fue el transmisor. Pues si la gente no publica y no transmite, todo lo que hace se destruye y no sirve para nada”.Fue un pionero, pues aparte del trabajo de campo, a nivel de gabinete él hace un trabajo minucioso que permite reconstruir sus trabajos de una forma muy interesante. Es un legado importantísimo de material arqueológico, de documentación, que está en buena parte inédito, y es un poco nuestra responsabilidad el darlas a conocer. Porque es rentable, ¿eh? Yo lo que me doy cuenta es de que esto es lo menos importante. ¿Qué no dará Villaricos, Herrerías? Te insisto, lo que encontró Siret es la punta del iceberg”.

“Estamos pensando en realizar un premio, un certamen, con el que queremos recuperar y reconocer la figura de Luis Siret. Estamos pensando todavía la fórmula que adoptaremos, pero se trata en definitiva de recuperar la imagen y, sobre todo, hacerla más cercana a la juventud. Entre la Diputación, el Instituto de Estudios Almerienses y la Real Academia estamos hablando de la posibilidad de un certamen y la posibilidad de una cuantía económica”.

“Sería un premio, pero ese premio indica un certamen. Es el poner a disposición de todos los que trabajan en este campo, un reconocimiento público a aquél que mejor lo haga. Pienso que si se hace dos o tres veces bien, se convierte en un referente internacional y entonces a lo mejor no hay que circunscribirlo a España, sino al que quiera trabajar sobre temas que nos sean próximos. Es decir, si un señor trabaja sobre los patagones, pues no sé si se presentaría, pero a lo mejor los que trabajan sobre el Mediterráneo occidental y están dando luz a esta zona, podrían. Estamos en el siglo XXI”.

“Pero las cosas hay que empezarlas por la base. Yo creo que lo esencial es recuperar la gran figura de Luis Siret como estímulo para la juventud, y que pase a ser una figura viva, no sólo de especialistas”.

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